sábado, 15 de noviembre de 2025

Moniciones Domingo 33 del Tiempo Ordinario - Ciclo C -

 16 de noviembre de 2026

Monición de entrada:


Nos hemos reunido para celebrar la eucaristía en este domingo trigésimo tercero del tiempo ordinario. Hoy, la Iglesia entera celebra la IX Jornada Mundial de los Pobres, con el lema tomado del salmo 71: «Tú, Señor, eres mi esperanza» (cf. Sal 71, 5). El santo padre nos invita a mirar a los pobres con ojos nuevos: no como una realidad ajena o incómoda, sino como testigos vivos de esperanza, hombres y mujeres que, aun en medio de la dificultad, confían en Dios y proclaman con su vida que Él nunca abandona a los suyos. Ellos nos enseñan a esperar, a creer, a mantenernos firmes cuando todo vacila. El papa nos recuerda también que la pobreza más grave no es la falta de bienes materiales, sino vivir sin Dios, sin esperanza, sin amor. Al comenzar esta eucaristía, pongamos en manos de Dios nuestras pobrezas y las del mundo entero. Que Él renueve nuestra confianza y nos conceda repetir con el salmista y con todos los pobres de la tierra: «Tú, Señor, eres mi esperanza; no quedaré nunca defraudado»

 


Oración de los fieles:

Sacerdote: Elevemos con confianza nuestra oración a Dios, que nunca abandona a los que ponen en Él su esperanza, y que escucha siempre el clamor de los pobres. 

1.     Por la Iglesia, para que, sostenida por el Espíritu Santo, anuncie con fidelidad el Evangelio de la esperanza y se mantenga siempre al lado de los pobres, compartiendo con ellos su vida, su fe y su confianza en el Señor. Roguemos al Señor.

2.     Por el papa León, los obispos, los sacerdotes y todos los servidores del Pueblo de Dios, para que sean pastores según el corazón de Cristo, sensibles al sufrimiento humano y promotores de signos concretos de esperanza. Roguemos al Señor.

3.     Por la paz en el mundo: por el cese de todas las guerras y conflictos, especialmente en los lugares donde más se ensaña la violencia; por las víctimas inocentes, los desplazados, los que han perdido familiares y hogar, y por quienes trabajan en la reconciliación de los pueblos. Roguemos al Señor.

4.     Por los responsables de las naciones y por quienes tienen en sus manos decisiones económicas y políticas, para que busquen con valentía el bien común, defiendan la dignidad de los más vulnerables y promuevan una justicia que devuelva esperanza a los pobres. Roguemos al Señor.

5.     Por todos los que viven en pobreza o soledad: los sin techo, los enfermos, los migrantes, los mayores abandonados, los jóvenes sin trabajo y quienes no encuentran sentido a su vida. Que descubran en Dios su roca y en la comunidad cristiana una mano fraterna que los sostenga. Roguemos al Señor.

6.     Por todos nosotros, reunidos en esta eucaristía, para que, alimentados con el Pan de la vida, aprendamos a poner nuestra confianza solo en Dios y a compartir con generosidad los dones recibidos. Roguemos al Señor.

 Sacerdote: Escucha, Dios de misericordia, la oración de tus hijos pobres y necesitados, y enséñanos a poner toda nuestra confianza en ti. Por Jesucristo, nuestro Señor.

DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

(Tomado de Basilio Caballero: La Palabra cada domingo, San Pablo, España, 1995)

 

Bendito seas, Padre nuestro, Dios de la vida inmortal,

porque mediante la fe en Cristo y el bautismo del Espíritu nos hiciste tus hijos, llamándonos a vivir contigo para siempre.

 ¿Cómo podríamos vislumbrar y entender

algo del mundo nuevo de la resurrección para la vida,

sino desde la fe en la persona de Cristo resucitado,

vencedor del pecado y de la muerte?

 El hombre a quien tú amas, Señor, es un ser para la vida.

 Alienta nuestra esperanza e ilumínanos con tu palabra,

para que entendamos que la dicha futura que esperamos

se gesta ya en el compromiso con el mundo presente,

en el amor a ti y a nuestros hermanos los hombres. Amén.

sábado, 1 de noviembre de 2025

Moniciones Domingo 2 de noviembre - Conmemoración Difuntos

 MONICIÓN DE ENTRADA:

Ayer, sábado, celebrábamos el día de Todos los Santos. Y hoy nos disponemos a iniciar la Eucaristía del domingo dedicada a todos los Fieles Difuntos.

Vamos a recordar a nuestros seres queridos, feligreses, amigos, compañeros de trabajo, vecinos y también a tantas personas que nadie se acuerda de ellas.

Es complicado explicar el paso de la muerte a la nueva existencia, pero creemos que la última palabra no la tiene la muerte, la tiene Dios. Dios nos ha creado para la vida, esta es nuestra esperanza.

Oración de los fieles

Sacerdote: Hoy, Señor, nuestra plegaria se fija en aquellos hermanos que ya no están entre nosotros, te pedimos para ellos, que gocen de tu resurrección:

  1. Por el Papa, los obispos, sacerdotes y laicos, para que seamos conscientes de que solo Tú eres el camino hacia la morada del Padre. Roguemos al Señor.

  2. Por los que gobiernan las naciones para que atiendan con presteza las necesidades de su pueblo. Roguemos al Señor.

  3. Por todos los pobres, enfermos y olvidados para que encuentren una mano tendida que los guíe en el dolor y la angustia. Roguemos al Señor.

  4. Por los cristianos. Que con nuestro modo de vivir seamos para todos estímulo de fe y de esperanza. Roguemos al Señor.

  5. Por nuestros familiares y amigos difuntos. Que Dios les llene de su amor, y a nosotros nos dé el consuelo y la paz. Roguemos al Señor.

  6. Por los que han muerto en nuestra Parroquia durante este último año. Que participen por siempre de la vida de Jesucristo. Roguemos al Señor.

  7. Por todos los difuntos, conocidos y desconocidos. Que, libres de toda culpa, vivan para siempre la alegría que Dios tiene preparada para todos sus hijos. Roguemos al Señor.

  8. Y finalmente, por todos nosotros, los que nos hemos reunido hoy en esta Eucaristía. Que crezcamos en la fidelidad al Evangelio de Jesús y podemos un día compartir su resurrección. Roguemos al Señor.

Sacerdote: Escucha, Padre nuestra oración y danos tu vida para siempre. Por JNS.

EXHORTACIÓN:

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993)

Hoy te bendice nuestro corazón, Padre, Dios de la vida, porque en Cristo Jesús, vencedor del pecado y de la muerte, vemos que el fin de nuestro camino es la vida contigo.

En Jesús radica nuestra esperanza de vida sin término, porque es resurrección y vida para todo el que cree en él.

Así la vida de los que creemos en ti, Señor, no termina, se transforma; y al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos otra mansión eterna para vivir siempre a tu lado.

¡Bendito seas, Señor! Haz que nuestro contacto con Cristo por su palabra, por la fe y por los sacramentos, despierte tu gesto creador que da vida al hombre para siempre. Amén.