(Jer 17, 5-8; Sal 1; 1 Cor 15, 12. 16-20; Lc 6, 17. 20-26)
MONICIÓN DE
ENTRADA
Un domingo más nos
reunimos en amor y fraternidad para asistir juntos al gran milagro que el Señor
hace por nosotros. La Mesa del Pan y de la Palabra nos acerca a Dios Nuestro
Padre por el Sacrificio sin mancha de Jesús, su Hijo y hermano nuestro. Además,
hoy, Jesús de Nazaret nos va a proponer encontrar la felicidad en lo más
sencillo y lo más sincero. Es el reconocimiento de aquellos que sufren, que son
pobres, que fabrican la paz o tienen el corazón completamente limpio.
ORACIÓN DE LOS
FIELES
Sacerdote: Con la confianza puesta en el Señor
traemos a su presencia nuestra pobreza, nuestro dolor, nuestra incomprensión,
con la seguridad de que Él las transformará para llegar a ser “dichosos”.
1.- Por la
Iglesia; para que, como Jesús, sienta compasión por esas personas que se
sienten marginadas, que no cuentan, que son despreciadas... y les haga ver que
está a su lado para ayudarles. Roguemos al Señor.
2.- Por el Papa,
los obispos, los sacerdotes; para que muestren la dicha de trabajar por los
valores del evangelio, aunque para ello haya que pasar dificultades. Roguemos
al Señor.
4.- Por todos los
que lloran a causa del dolor, del desamor, de la incomprensión; para que se den
cuenta que esas lágrimas se pueden transformar en dicha buscando los verdaderos
valores de confianza, perdón, generosidad, aceptación, y paciencia. Roguemos al
Señor.
5.- Te
pedimos por todos aquellos que sienten enfriar su fe, para que confiados en la
resurrección de Cristo, vuelvan a revivir con gozo la esperanza de la
salvación. Roguemos
al Señor.
6.- Por las
familias cristianas, para que el Señor las bendiga y las haga fuertes ante las
adversidades del caminar diario. Roguemos al Señor.
7.- Por nosotros
que nos hemos reunido en torno a la mesa del Señor, para que en ese Pan
celestial encontremos la confianza segura en el Señor que nos ayude a
alegrarnos ante las dificultades de este mundo. Roguemos al Señor.
Sacerdote: Que te sean agradables, Señor, estas
peticiones que con la mayor confianza hemos traído a tu presencia, para que tu
bondad nos conceda lo que nosotros no podemos esperar con nuestros méritos.
Gracias, Señor Jesús, porque, proclamándolos dichosos,
asignas el
reino de Dios y devuelves la dignidad y la esperanza
a todos los
que el mundo tiene por últimos e infelices:
los pobres
y los humildes, los que lloran y los que sufren,
los que
tienen hambre y sed inagotables de fidelidad a Dios,
los
misericordiosos que saben perdonar a quienes les ofenden,
los que
proceden con un corazón limpio, noble y sincero,
los que
fomentan la paz en torno y desechan la violencia,
los que son
perseguidos por servir a Dios y al evangelio.
Tú
fuiste, Señor Jesús, el primero en realizar tal programa.
Tú eres
nuestro ejemplo y nuestra fuerza. ¡Bendito seas, Señor! Amén.