sábado, 26 de febrero de 2022

Moniciones Domingo 8º del Tiempo Ordinario - Ciclo C -

 (2 de marzo de 2025)

(Eclo 27,4-7; 1Cor 15,54-58; Lc 6,39-45)

ENTRADA:

Este año santo en el que conmemoramos el dos mil veinticinco aniversario del nacimiento de nuestro Señor, el santo padre nos ha convocado al jubileo con el lema: “Peregrinos de esperanza”. Hoy que recordamos a los más de cuatro mil misioneros españoles que hay en Hispanoamérica, queremos recordar la historia de esperanza que ha supuesto la fe para todos los hombres y mujeres que viven en aquel continente.

 VIII Domingo del Tiempo Ordinario C

ORACIÓN DE LOS FIELES:

Sacerdote: Unidos en la misma fe y la misma esperanza, presentemos nuestras plegarias al Padre:

  1. Por la Iglesia, para que, a pesar de las dificultades, nos anuncie siempre el evangelio de esperanza y de alegría. Roguemos al Señor.

  2. Oremos por la pronta recuperación de la salud del santo padre el Papa Francisco para que, confortado por la oración de los fieles y el auxilio de la gracia divina, vuelva al ejercicio cotidiano de su ministerio al servicio de toda la Iglesia. Roguemos al Señor.

  3. Por los cristianos, para que con la gracia del Espíritu Santo no nos cansemos nunca de mostrar la esperanza de la salvación que nos da Cristo. Roguemos al Señor.

  4. Por nuestros misioneros y misioneras que trabajan por predicar a Cristo en América, para que su entrega y generosidad lleven paz y alegría al corazón de las personas a las que han sido enviados. Roguemos al Señor.

  5. Por los que hoy estamos celebrando la Eucaristía, para que dejemos al Señor que arranque de nuestros corazones todo lo que nos aparta de Dios y de nuestros hermanos. Roguemos al Señor.

Sacerdote: Escucha, Padre, nuestra oración, y transforma nuestros corazones con tu gracia salvadora. Por Jesucristo, nuestro Señor.



EXHORTACIÓN FINAL:

(Basilio Caballero, La Palabra de cada Domingo, Ed. San Pablo, Madrid)

Es justo bendecirte, Padre, porque Cristo nos enseñó a conocer el fondo de nuestro corazón por los frutos que da, pues lo que llevamos dentro, eso transparentamos en nuestra vida: verdad o mentira, amor o egoísmo, bondad o maldad.

No permitas, Señor, que el vacío interior de nuestro corazón convierta toda nuestra vida en un erial calcinado y baldío.

Para eso, que la savia de tu Espíritu dé fruto en nosotros mediante la escucha de la palabra en la oración y el silencio, y por la práctica de las bienaventuranzas del reino de Dios.

Cúranos radicalmente de la hipocresía, porque es en tu amor y tu gracia donde tenemos raíces y daremos frutos de vida. Amén.


 

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