28 de junio de 2026
(2 Reyes 4,8-11. 14-16a; Sal 88,2-3. 16-17. 18-19; Rom 5,12-15; Mt 10,37-42)
MONICIÓN DE ENTRADA:
Queridos amigos: Bienvenidos a celebrar la Eucaristía, la fiesta de los seguidores de Jesús.
Los creyentes necesitamos escuchar con más atención y hondura las palabras de Jesús. Hoy son éstas: “No quedará sin recompensa ni siquiera el vaso de agua fresca que sepamos dar a un pobre sediento”.
Cualquier gesto de amor por pequeño que sea, se lo estamos haciendo al mismo Dios. Por la comunión con Cristo nos comprometemos a acoger siempre a todo hombre, que es nuestro hermano.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Sacerdote: Invoquemos la bondad de Dios sobre el mundo y sobre nosotros.
Para que toda la Iglesia dé testimonio gozoso de la vida nueva ofrecida por Cristo Jesús, roguemos al Señor.
Por todos los cristianos, para que tengamos siempre una actitud acogedora y respetuosa con quienes no comparten nuestra misma fe, roguemos al Señor.
Por quienes están comprometidos en la construcción de un mundo más justo, para que no se desanimen en sus esfuerzos y alcancen el objetivo deseado, roguemos al Señor.
Por todos nuestros hermanos que han padecido el terremoto en Venezuela: para que el Señor les conceda fortaleza en el dolor, consuele a los afligidos y mueva nuestros corazones a la solidaridad y la caridad. Roguemos al Señor.
Por todos nosotros, para que el calor del verano no enfríe nuestro deseo de ser fieles al Evangelio de Jesús, roguemos al Señor.
Sacerdote: Confiamos, Padre, en tus entrañas de misericordia para que nuestras necesidades, proyectos y problemas cuenten con tu amor y tu poder. Por Jesucristo nuestro Señor.
Exhortación final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, 1993, p. 147)
Gloria a ti, Señor Jesús, porque nos llamas a tu seguimiento
mediante una ascesis liberadora de nuestro yo mezquino.
Tú fuiste el primero en la opción radical por el reino de Dios,
y con tu ejemplo nos has mostrado el camino que lleva a la luz,
cuando te adelantaste en la entrega de la vida para ganarla.
Señor, haz de nosotros discípulos dignos de ti.
Para eso, ayúdanos a hacer nuestros tus criterios y actitudes
para seguirte incondicionalmente sin claudicar ante la cruz,
para no arruinar nuestra vida presente y para ganar la futura.
Así podemos repetir con el salmista: Cantaré eternamente la
misericordia del Señor, anunciaré su fidelidad por siempre. Amén.

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